El director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, afirmó que el programa nuclear de Irán sufrió “enormes daños” tras los ataques militares, aunque advirtió que persisten capacidades y material que no fueron destruidos, lo que mantiene la preocupación internacional en medio de la escalada regional.
Grossi explicó que la ofensiva contra instalaciones clave como Isfahán, Natanz y Fordow provocó daños considerables en la infraestructura nuclear iraní, pero subrayó que el conocimiento técnico, el material nuclear y parte de la capacidad de enriquecimiento continúan existiendo, lo que impide considerar el programa como neutralizado.
El jefe del organismo nuclear de la ONU remarcó que el material nuclear acumulado sigue siendo un factor crítico, señalando que la cantidad de uranio enriquecido almacenada en Irán podría permitir el desarrollo de más de diez armas nucleares si se continuara el proceso, lo que incrementa la preocupación internacional sobre la evolución del conflicto.
En una entrevista, Grossi matizó las afirmaciones de que los bombardeos habrían destruido completamente el programa nuclear iraní y enfatizó que “lo que uno aprende no se puede desaprender”, en referencia al conocimiento técnico acumulado por los científicos iraníes, que permitiría reconstruir las capacidades afectadas.
El director del OIEA también insistió en la necesidad urgente de un acuerdo internacional, advirtiendo que la única salida viable pasa por negociaciones que incluyan restricciones al enriquecimiento de uranio y un mayor acceso de inspección por parte del organismo nuclear.
Las declaraciones se producen en un momento de máxima tensión regional, tras semanas de ataques entre Israel, Estados Unidos e Irán, que han puesto en el centro del debate la seguridad nuclear y el riesgo de escalada militar. Analistas advierten que, aunque los bombardeos pueden retrasar el desarrollo nuclear iraní, la persistencia del material y del conocimiento técnico mantiene abierto el escenario de largo plazo.
El mensaje de Grossi introduce un matiz clave en la narrativa del conflicto: los ataques han debilitado el programa nuclear iraní, pero no lo han eliminado, lo que obliga a una solución política en un contexto de creciente incertidumbre internacional.

