En una decisión sin precedentes recientes, la policía israelí restringió este domingo el acceso del Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, a la Iglesia del Santo Sepulcro. El líder religioso se disponía a encabezar la liturgia del Domingo de Ramos, pero las autoridades le impidieron el ingreso al templo. Desde el Patriarcado se denunció que se trata de “la primera vez en siglos” que se veta a jerarcas eclesiásticos de oficiar en el sitio donde la tradición cristiana sitúa la crucifixión de Jesús.
La decisión, adoptada bajo argumentos de seguridad en medio de la escalada regional, provocó una inmediata reacción diplomática en Europa y Estados Unidos, donde varios líderes políticos expresaron preocupación por el impacto de la medida en la libertad religiosa y en la estabilidad de Jerusalén, una ciudad donde cualquier restricción adquiere dimensión internacional.
Entre las primeras voces críticas destacó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien subrayó que el acceso a los lugares santos debe garantizarse sin restricciones injustificadas, especialmente durante celebraciones religiosas de alcance global. A esta postura se sumó el presidente francés, Emmanuel Macron, quien calificó la medida como preocupante y advirtió que las limitaciones en los sitios sagrados pueden agravar la tensión regional.
Desde Italia, la primera ministra Giorgia Meloni expresó inquietud por lo ocurrido, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, anunció la convocatoria del embajador de Israel para solicitar explicaciones formales. La reacción italiana adquirió especial relevancia por la sensibilidad del tema en la diplomacia europea y el peso histórico del Vaticano.
La reacción más significativa provino del embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, quien calificó la decisión como “un desafortunado exceso” y advirtió que impedir una ceremonia religiosa en el Santo Sepulcro podría tener repercusiones internacionales importantes, una señal del malestar generado incluso entre aliados tradicionales de Israel.
El episodio adquiere mayor dimensión al considerar que la única situación comparable ocurrió en 2020 durante la pandemia de COVID-19, cuando las celebraciones religiosas fueron suspendidas por razones sanitarias a escala global. En aquella ocasión, las restricciones afectaron a todas las confesiones y respondieron a una emergencia mundial, mientras que el caso actual se vincula a decisiones de seguridad en un contexto de conflicto.
El Santo Sepulcro, uno de los lugares más sagrados del cristianismo, vuelve así al centro de la tensión diplomática, en una Semana Santa marcada por restricciones inusuales y creciente preocupación internacional.

