Cuba registró un segundo apagón nacional en menos de una semana, dejando nuevamente a la isla sin electricidad en un contexto de creciente deterioro del sistema energético.
El colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se produjo tras una falla en una de sus principales unidades de generación, lo que desencadenó un efecto en cadena que dejó al país completamente a oscuras.
Se trata del séptimo apagón total en el último año y medio, una cifra que refleja la fragilidad estructural del sistema eléctrico cubano y la dificultad para garantizar un suministro estable.
Las autoridades activaron protocolos para restablecer el servicio, un proceso que suele ser lento y progresivo, ya que depende de la reactivación escalonada de las plantas generadoras. En algunos casos, los cortes de energía pueden extenderse por más de 20 horas en distintas regiones.
El impacto se extiende a múltiples ámbitos de la vida diaria. Los apagones afectan el acceso al agua, el funcionamiento de hospitales y la actividad económica, en un país que ya enfrenta escasez de combustible, alimentos y medicamentos.
La situación forma parte de una crisis más amplia. En la isla, los cortes de energía han llegado a extenderse hasta por 48 horas continuas, mientras el sistema de salud enfrenta retrasos significativos, con decenas de miles de pacientes en espera de cirugías. A ello se suma un contexto político tenso, marcado por presiones externas y declaraciones desde Estados Unidos que elevan la incertidumbre sobre el futuro del país.
En el plano interno, el presidente Miguel Díaz-Canel ha reiterado su respaldo al modelo político y ha atribuido parte de la crisis al impacto del embargo y a las restricciones externas, en medio de un creciente malestar social reflejado en protestas y en el desgaste de las condiciones de vida.

